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La fe y la razón
Ambas son cualidades intrínsecas del ser. La fe nace como solución alternativa cuando la razón llega al límite.
El individuo sin defectos mentales discurre correctamente, aunque no tenga formación silogística o similar. El razonamiento es tan limitado como lo sean las premisas disponibles, lo cual es muy común al abordar temas místicos. De ahí que, al no poder dar respuestas totalmente satisfactorias a las preguntas fundamentales como “el sentido de la vida”, “el pasado del alma antes del nacimiento terrenal” o “el rumbo del espíritu al morir”, la razón determine, de todas formas, conclusiones a partir del conocimiento que tenga el individuo en ese momento.
De esa forma nacen las hipótesis que tratan de dar respuesta a esas interrogantes clásicas. Aquellas que tengan mayor aceptación son adoptadas como válidas y difundas o impuestas a otros.
Cuando un individuo se obsesiona por un tema incomprendido, sea éste de cualquier índole, su mente prefiere un grupo de posibles soluciones que una respuesta ausente. Como ese conjunto desencadena una batalla de ideas que termina por agotar el cerebro, éste escoge la explicación más congruente y la acepta. En ese momento la razón da lugar a la fe, que no es más que la aceptación de una hipótesis, la cual con el tiempo se transforma en una verdad irrefutable en la mente del que la cree.
Ejemplos Reflexiones